Aunque lo harán en distintas jornadas y en diferentes carreras, Johana Luco Cuellar y Maximiliano Poblete Luco son una madre y su hijo que estudiarán este año en el mismo edificio que alberga al instituto Profesional y Universidad Santo Tomás (UST), por lo que no dudaron en expresar su alegría al acudir a matricularse y experimentar esta peculiar situación.

Y es que no todas las familias pueden contar esta historia que se ha convertido en una anécdota para Maximiliano, quien afirma que “es una situación muy entretenida, sobre todo porque vamos a poder estar juntos, pero raro a la vez porque tener a mi mamá en el mismo lugar donde voy a estudiar yo es como extraño”, agregando entre risas que, “al menos vamos a tener hartos ratos para poder conversar sobre la vida de estudiantes”.

Además, el joven de 17 años explica que “fue ella quien me recomendó esta universidad. Yo tenía otras opciones, pero a ella siempre le gustó la idea de que yo estudiara acá también”, lo que será posible gracias a que corrió la lista de espera de Kinesiología, carrera que soñó estudiar porque le motiva “el hecho de poder ayudar a otras personas mediante una rehabilitación y que puedan seguir adelante después de lo que les haya pasado”.

Por su parte Johana, de 48 años, no oculta su entusiasmo mientras está por comenzar su quinto semestre en Ingeniería de Ejecución en Administración, carrera que entró a estudiar tras separarse en 2020, en pleno inicio de la pandemia.

Acompañando a Maximiliano a realizar sus trámites para matricularse en la UST, Johana explica que su vivencia en el Instituto Profesional la ayudó a apoyar la decisión de su hijo pues “Santo Tomás es una universidad destacada en el país y estoy segura de que va a aportar mucho a la formación de Maximiliano”.

Si bien en un comienzo debió adaptarse a las clases virtuales, en el último año su carrera ha retornado a la presencialidad, explicando que “en ambos casos el instituto se supo adecuar a la contingencia y brindarnos las mejores herramientas para continuar estudiando, tanto a mí como a mis compañeros”.

Sin duda una historia interesante, que refleja el esfuerzo de distintas familias antofagastinas porque sus miembros accedan a la educación superior, en tiempos en que el capital humano sigue siendo indispensable para el desarrollo óptimo de los procesos industriales y de servicios en nuestra región.

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